Sunday, November 26, 2017

THE ILIAC CREST

A review of The Iliac Crest by Ron Slate:

If, as readers, what we desire in fiction and poetry is a vision of a complete world, then Cristina Rivera Garza’s novel offers a disturbing fulfillment. For writers wishing to take up issues of gender and identity, the novel is essential reading – because it teaches how to integrate ideas within the artful wholeness of an imaginative vision. Here, self-integrity doesn’t issue merely from the rightness of one’s values. We have just begun to fathom what we are, the words are only now arriving haltingly from “beyond memory.” Here, equality among beings is a starting point, not a destination, and everyone is struggling against the life-diminishing aspects of culture. “Women, I assume, understand,” says the doctor about his “new condition.” “To the men, it is enough to know that this happens more often than we think.” 
Garza’s language, in Sarah Booker’s attuned translation, not only lets us hear the sound of an awakening but actually draws us into the disorienting process of seeing ourselves anew. The Iliac Crest is simply astonishing.

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--crg

Friday, November 17, 2017

LA MUERTE ME DA

Es cierto, La muerte me da cumple 10 años, y Vicente Alfonso escribió este texto para El Siglo de Torreón:

Como las mejores novelas del género, La muerte me da contiene más preguntas que respuestas. Pero lo que distingue a esta ficción de otros thrillers es que aquí no hay sólo un enigma criminal, también hay un apasionante enigma literario. Se trata de una novela policial consciente de que lo es, y eso la convierte, al mismo tiempo, en otra cosa: una reflexión sobre la literatura y sus misterios. Ya en el arranque del segundo capítulo hay una advertencia a los lectores, hecha por la escritora cuyo nombre coincide con el de la autora del libro, Cristina Rivera Garza: "Es difícil explicar lo que uno hace (…) Detallar, en toda su lenta dispersión, la rutina diaria para alguien a quien le interesa otra cosa, alguien a quien le interesa resolver un crimen".
Consta así, desde el inicio, que en esta novela no es la mera solución de los crímenes lo que importa. Vamos, ni siquiera los crímenes son el eje. El corazón de esta novela estriba en la reconstrucción de la realidad que, pese a sus limitaciones, intenta la literatura. Acostumbrada a reflexionar en torno al lenguaje y sus trampas, Rivera Garza nos hace notar que por más que un texto intente ser fiel a los hechos, al trasvasar la realidad a las palabras siempre se pierden algunas cosas y se ganan otras. Porque un texto es siempre la interpretación de quien lo escribe, no la realidad. En esa transmutación hay un sesgo inevitable. Así ocurre cuando la escritora que encuentra el primer cadáver observa que "la víctima siempre es femenino. En el recuento de los hechos, en los artículos del periódico, en los ensayos que alguna vez se escriban sobre estos eventos, esta palabra los castrará una y otra vez".

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HABÍA MUCHA NEBLINA O HUMO O NO SÉ QUÉ

Michele Roche Rodríguez escribió esta reseña de Había mucha neblina o humo o no sé qué en Colofón. Revista Literaria:

Aunque no atenta en verdad contra el canon literario mexicano –por mucho que la Fundación Rulfo quiera demostrar lo contrario–, Había mucha neblina o humo o no sé qué propone una lectura novedosa de la obra de Rulfo que vale la pena conocer ahora que se cumplen cien años del nacimiento del autor que falleció en 1986. Su interpretación se sustenta a grandes rasgos en la noción de Ricardo Piglia sobre una “historia material de la literatura” expuesta en El último lector, donde propone mirar a los escritores fundamentales a través de los aportes que a su obra hizo la manera como se ganaban la vida. Queda la pregunta en el ambiente: ¿Qué hubiera sido de Pedro Páramo y de El llano en llamas si Juan Rulfo, en lugar de ser agente de viajes dentro de su país para una compañía de cauchos –“llantas”, dicen en México– hubiera trabajado, por ejemplo, como agente aduanero en la costa de Sinaloa?

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--crg

Thursday, November 16, 2017

THE ILIAC CREST

Craig Epplin wrote "A Forensic Novel," a review of The Iliac Crest recently:

This is why the dominant image of bones bears out so brilliantly here. Stripped of all that animates them and gives them character, bones are purely residual—they are what remain after a life has ended and flesh has decayed. But they also have stories to tell about that life, whether through DNA analysis or through simple visual examination. They are at once anonymous and individual, just like all earthly beings. Any understanding of our material situation, however we define it, begins with acceptance of this duality between specificity and generality. It is for this reason that The Iliac Crest matters today: it carries out a sophisticated, dynamic inquiry into language, gender, and power, and leaves its readers transformed by its lyrical investigation of what it means to inhabit a body.

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THE ILIAC CREST

J.M Schreiber wrote "And Then I Turned Back" about The Iliac Crest:

I almost hesitate to write about The Iliac Crest. I feel that to tread too carelessly into the heart of this enigmatic dark fable would be risk fracturing its utterly devastating beauty. One may be best to enter its world of shifting borders where space, time, reality, fantasy, sanity, madness, identity, and gender are bent, blurred and ever so steadily unraveled without any preconceptions. Not that there is a viable bread crumb trail that could be followed to ensure Absolute Understanding. But it may be best to let the narrator be your guide, or rather to accompany him as his self-contained, apathetic existence is disturbed and distorted.

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PUBLISHERS WEEKLY ON ILIAC CREST

 Rivera Garza’s novel succeeds as a suspenseful psychological horror story in the vein of a David Lynch film or Ingmar Bergman’s Persona, as a dissolver of the space between genders, and as a challenge to the cultural erasure of the real-life Dávila. The result is mind-bending.

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ILIAC CREST AT SJSU


Take shelter from the rain and come to a reading of #IliacCrest at SJSU.

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Thursday, October 12, 2017

THE ILIAC CREST at UNIVERSITY OF MARYLAND

Reading and panel around The Illiac Crest at University of Maryland
October 12, 5:00 pm
The Atrium HJ Patterson Hall

See you there!

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On The Iliac Crest at The Riveter

Ann Mayhew on The Iliac Crest: 
Cristina Rivera Garza’s novel The Iliac Crest is a mesmerizing and unsettling experience, hinting at a multitude of layers exploring gender, language, borders, Mexican female writers, and the politics of insanity. Told through a first-person male narrator—with a tone that perfectly imitates that of classic Gothic narratives, i.e. male, self-important and self-involved, sexist—The Iliac Crest is a mind-bending descent into madness resulting from the glimpse of a single hipbone.
The book’s unnamed narrator, a doctor at an isolated sanitarium, is visited one night by two women—one a stranger, who claims to be the Mexican writer Amparo Dávila, seeking something of hers at the sanitarium; the other, a former lover. The two women move in, create an intimacy which includes their own, secret language, and begin harassing the narrator, claiming to know his secret: that he is actually a woman. The man’s quest to defend his masculinity results in his own, eventual, placement in the insane asylum at which he works.
Symbolism abounds in the book; again, there great depths one could dig through, and The Iliac Crest could easily be read over and with new discoveries. Garza’s writing is gorgeous and precise, tying the various aspects of the book together into what is, at its core, a strange and unforgettable read.
Read The Cannon: Books to read in October here: http://www.therivetermagazine.com/the-canon-books-to-read-in-october/

Friday, September 29, 2017

FILBA--BUENOS AIRES

Taller de narrativa. Comunalistas: escribir con otros

SECCIÓN: TALLERES
Jueves 28 - 11:00 hs. -  MALBA , Auditorio 
PARTICIPAN: CRISTINA RIVERA GARZA
Las nuevas formas de escritura en la era digital implican establecer un vínculo con el otro: conocerlo, interactuar, compartir. En el contexto de una realidad colaborativa, este taller busca entregar herramientas para acercarse a una escritura conectada a otros y a una escritura conectada, sobre todo, con su comunidad.

CUPO COMPLETO VER MÁS

Panel. Territorios en llamas

SECCIÓN: TIEMPOS VIOLENTOS
Jueves 28 - 19:30 hs -  MALBA , Biblioteca 
Dictaduras, narcotráfico, explotación, pobreza, ausencia de derechos, abusos de poder y abandono marcan la zona más oscura del pasado y del presente de nuestra región. Tres autoras reflexionan sobre los modos en que la literatura latinoamericana incorpora hoy las distintas formas de violencia que han afectado al continente en las últimas décadas. VER MÁS

Lectura + panel. Cruce Epistolar: Escribir para resistir

SECCIÓN: TIEMPOS VIOLENTOS
Viernes 29 - 18.00 hs -  MALBA , Biblioteca 
MODERA: HERNÁN RONSINO
En tiempos de lucha, la escritura puede ser un escudo, un refugio o un arma, donde sin importar el lugar que se tome, la palabra se convierte en un altavoz imposible de callar. Durante semanas previas al festival, dos escritoras intercambiaron correos interrogándose sobre la capacidad crítica de la escritura, su poder político y social y los modos de narrar y denunciar sobre todo lo que nos agrede. VER MÁS

Tuesday, August 22, 2017

ITESM-CAMPUS TOLUCA


Amigos de las Tierras Altas, nos vemos este 23 de agosto al mediodía en el Auditorio I para hablar de Había mucha neblina o humo o no sé qué. 

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Wednesday, August 09, 2017

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LA PAZ, BOLIVIA

Feria Internacional del libro de La Paz, Bolivia: 

Miércoles 9 de agosto: 
Charla con Wilmar Urrelo 
Sala Emma Villazón, 20:00 hrs

Jueves 10 de agosto: J
uan todavía camina conmigo 
con John Naranjo 
Sala Rubén Vargas, 20:00 hrs. 

¡Por ahí los veo!

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Friday, August 04, 2017

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LIMA, PERÚ

Por si andan en Lima. Feria Internacional del libro de Lima, Perú: 
La mujer y el sujeto público, con Diablea Eltil y Claudia Salazar, con moderación de Julio Ortega, en Auditorio Cesar Vallejo. Agosto 4, 7:00 pm

Centenario de Juan Rulfo, con Alberto Chimal y Julio Ortega, Auditorio César Vallejo. Agosto 5, 5:00 pm. 

Firma de libros, Pabellón México. Agosto 5, 7:00 pm. 

Nos vemos por ahí.

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Monday, July 17, 2017

SI YO FUERA UN SEÑOR OBEDIENTE, LOS PATRIARCAS HABRÍAN SIDO MÁS FELICES

Charla con Gabriela Wiener para La República: 

Si yo fuera uno de esos señores con una cierta proclividad solemne para inclinarme ante el poder de las ideas dominantes, seguramente los patriarcas de la literatura local habrían sido más felices. No puedo dejar de hacer notar que tales reacciones se dan en el contexto de una creciente violencia misógina que se convierte con mayor y horrísona frecuencia en feminicidios cada vez más numerosos y crueles. Pero no ser ese señor y no estar dispuesta a obedecer, también me ha ganado lectores más libres, más contemporáneos, menos encorsetados por las camisas de fuerza de los géneros.

La conversación completa aquí

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Monday, June 26, 2017

UNA CARTA DE AMOR O NO SÉ QUÉ

Gerardo Cárdenas publicó "Una carta de amor o no sé qué" en Mediaisla.net:

Ha llegado incisivo el volumen «Había mucha neblina o humo o no sé qué», de Cristina Rivera Garza, un brillante y lúcido ensayo sobre la literatura y la persona de Rulfo. Es, a mi modo de ver, una carta de amor a las letras de Rulfo.
El centenario de Juan Rulfo está removiendo tantos fantasmas —empezando por el del autor— que se nos van a quedar chicos Comala y Luvina para darles alojamiento.
Entre esos fantasmas, está el del discurso semioficial y masificado a la manera de talking points sobre la literatura y la persona de Juan Rulfo. A saber:
  • A Rulfo le ‘ayudaron’ a escribir y editar Pedro Páramo y El llano en llamas;
  • No volvió a escribir porque se asustó de su propio éxito;
  • No era rival de Octavio Paz, al contrario, Paz hablaba bien de él;
  • Sí era rival de Octavio Paz, que lo criticaba, que no podía verlo.

Y así. Nueve de cada diez artículos que han circulado en torno a Rulfo y su centenario, y la trascendencia de su obra en las literaturas mexicana, latinoamericana y universal, utilizan alguno de esos puntos o variaciones sobre esos temas.
Para crear mayor confusión hay una fundación que ha querido asumir un tono oficial, y ha querido apropiarse —mis participios son intencionales— de los festejos y del discurso, ha querido ser dueño de las palabras que pueden y no pueden decirse sobre Rulfo, casi de la misma manera que el viento maligno de Luvina mataba en la garganta las palabras de la gente.
La ironía que tal vez se nos escape es que se ha escrito, y se seguirá escribiendo, sobre Rulfo mucho más que lo que el propio Rulfo escribió. Eso es una clara señal de la importancia y trascendencia de su literatura y, poniéndonos frente al diván, quizás resulte evidencia de la angustia de muchos que escriben y entienden que jamás lograrán en miles de páginas lo que Rulfo consiguió en las menos de 400 páginas de sus dos libros, combinadas.
En ese panorama ha llegado incisivo el volumen Había mucha neblina o humo o no sé qué, de Cristina Rivera Garza (Literatura Random House, México, 2016), un brillante y lúcido ensayo sobre la literatura y la persona de Rulfo. Es, a mi modo de ver, una carta de amor a las letras de Rulfo, y a las circunstancias que las gestaron, al escritor que recorrió incontables pueblos y senderos, que subió montañas, que escuchó voces en muchas lenguas, que supo oír, y que luego vertió todo en dos libros irrepetibles que definen y describen la literatura mexicana del siglo XX con más peso, fuerza y trascendencia que cualquier otra obra en novela, cuento, poesía, ensayo, o teatro.
Rivera Garza no se abstrae de la polémica en torno a Rulfo —de hecho— su libro ha sido objeto de fuertes críticas de quienes han querido apropiarse del discurso sobre Rulfo; en vez de eso, pone a Rulfo en un contexto histórico, social, político, económico que facilitan, que ayudan a entender (aunque no expliquen) las claves que llevan a la creación literaria.
Si pudiese resumir en unas palabras lo que explica Rivera Garza, diría esto: Rulfo fue ante todo un viajero, un caminante, un hombre que miraba y escuchaba con atención, un hombre inmerso en un país que quería hacerse moderno, que quería dejar atrás no sólo los fantasmas de lo rural, sino especialmente los fantasmas de las guerras (Revolución y Cristiada), que quería desviar el curso de los ríos para desviar el curso de la historia, que quería arrinconar las otras lenguas.
Rulfo fue también un trabajador, un hombre que participaba en proyectos, una rara avis en un ámbito donde rápidamente se co-optaba a la clase literaria y se la hacía entrar en una dinámica de toma y daca, de favores y cobranzas, en un discurso de lo permitido y lo permisible.
Y si en el primer contexto, Rulfo ofrecía un reflejo de un México que la oficialidad quería abandonar o sólo exhibir como histórico, vernáculo, folclórico, en el segundo Rulfo se convertía en un ser indescifrable, un visitante incómodo, un pariente cercano y raro del que se habla pero al que no se mira a los ojos mucho en reuniones familiares.
En torno a ese Rulfo, y en torno a esa transformación de la nación y la literatura mexicanas, una visión de país, que Rivera Garza critica con agudeza y que es un país donde el centro neurálgico se congestiona, y donde la periferia se puebla de fantasmas y silencios.
Artículo completo aquí.
--crg

Sunday, June 04, 2017

MI RULFO MÍO DE MÍ

Mauricio Barrera escribió "Mi Rulfo mío de mí" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué para el periódico colombiano El tiempo. 

Decía Rulfo –o dicen que decía, como pasa con los rumores– que escribía para dos o tres amigos, y nada más. Incluso, dicen que lo llegó a asegurar en una entrevista, cuando se celebraban treinta años de la publicación de Pedro Páramo, la novela (la única) que lo encumbraría en lo más alto de las letras latinoamericanas. “Nunca me imaginé el destino de esos libros. Los hice para que los leyeran dos o tres amigos o, más bien, por necesidad”. 

El destino quiso, sin embargo, que esos libros (en realidad dos, Pedro Páramo y El llano en llamas) llegaran un buen día a las manos de Cristina Rivera Garza para que ella, también movida por la necesidad –la necesidad de estremecer a otros con la misma intensidad con la que la obra de Rulfo la había estremecido a ella–, escribiera Había mucha neblina o humo o no sé qué, una especie de biografía y relato de ficción sobre el autor más importarte de las letras mexicanas del siglo XX; un viaje íntimo construido a partir de la evocación y el reportaje; un homenaje cargado de una hermosa gramática sentimental que se une a la celebración del centenario del nacimiento del autor de Pedro Páramo. 

Escribe Rivera Garza:

“–Siento que he estado con usted una vida entera –murmura a medida que coloca el pie sobre el borde inferior de la puerta.

–Y así ha sido –le dice él, le dice Juan N. Pérez V. mientras sostiene la puerta abierta e inclina la cabeza hacia el piso”. 


La mujer que “coloca el pie sobre el borde inferior de la puerta” es Cristina Rivera Garza. Juan N. Pérez V. no es otro que Juan Rulfo.
 El lugar donde todo sucede: las exquisitas páginas de Había mucha neblina o humo o no sé qué.
Digamos que Había mucha neblina o humo o no sé qué son en realidad tres libros en uno. El primero vendría a ser el libro en el que la autora se regala el privilegio de estar al lado de Juan Rulfo para convertirse ella misma (casi) en un personaje más dentro del universo rulfiano. El segundo sería el libro histórico sobre el México flamante y poderoso de las carreteras y los programas de industrialización que terminarían castigando al mundo rural, ese que a juicio de Rivera Garza (y de tantos otros) acabaría por nutrir en definitiva la obra de Rulfo. Y el tercero, la biografía tradicional donde se arrojan datos puntuales como que Juan Rulfo se llamaba en realidad Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, y que era natural de Jalisco, y que era huérfano de padre y madre, y que amaba el alpinismo, y la fotografía, y la literatura nórdica, y etcétera.

Tres libros en uno, sí. Aunque quizás son más. Todos entrelazados, ligados y yuxtapuestos. 

Ya desde la contratapa Rivera Garza advierte por dónde correrá el río para que después nadie trate de pescar en aguas revueltas: “Cada quien tiene su Rulfo privado”, escribe. “El mío, mi Rulfo mío de mí, está tan interesado en escribir una obra como preocupado por ganarse la vida”. La intención, entonces, era escribir sobre el Rulfo que la ha acompañado durante toda la vida, sacarlo de la maleta del tiempo, rendirle un homenaje en la antesala de su centenario. Que la Fundación Juan Rulfo haya descalificado recientemente el libro de Rivera Garza, al considerarlo difamatorio, se entiende poco.
“Hay muchos años de trabajo y cariño detrás de Había mucha neblina o humo o no sé qué. Más que un libro sobre Rulfo –lo he dicho ya varias veces en presentaciones y entrevistas– es un libro que, moviéndose alrededor o a través de Rulfo, invita al lector a tocar el territorio de un país en vilo”, escribió hace poco Rivera Garza en una carta a propósito del boicot y la censura. “Lean, cotejen, comparen, contrasten, regresen, subrayen, anoten, debatan –si fuera de su interés–disientan –si ese fuera el caso–. Las páginas son todas suyas. Supongo que es así que los libros van armando sus propias esferas de afecto”, remata.  Bienvenidos, pues, al Rulfo ‘nuestro de nosotros’.
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--crg

PROPIEDAD PÚBLICA/ PROPIEDAD PRIVADA

Alberto Fuguet escribe "Propiedad privada/ propiedad pública" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué en la revista chilena Qué Pasa
Los que se creen dueños de un autor intentan cuidarlo, pero ¿acaso la mejor manera de querer realmente a un escritor no es que éste sea leído y su obra se potencie, viaje, provoque debate, se estudie, se comente y hasta se destroce? Todo esto se me vino a la cabeza al terminar de leer un libro híbrido, tan curioso como inclasificable, que es del todo fascinante y emociona y conmueve y estimula y dan ganas de copiar. La novelista mexicana Cristina Rivera Garza ha publicado un libro tan extraño como entrañable pues de ahí viene: de las entrañas. Había mucha neblina o humo o no sé qué (qué titulazo) es la obra de una fan, de una groupie, de una stalker que no es peligrosa sino entusiasta, que sólo desea sensualmente penetrar la obra de ese tótem que es Juan Rulfo y quedar impregnada de su aroma. Es un viaje al planeta Rulfo y al México real y a Oaxaca y a Comala y a sí misma. Este impresionante libro (impresiona, embriaga) es el tipo de libro que, mal promocionado, a mí al menos me darían ganas de huir. Parece un estudio académico. Parece. Pero no lo es. Rivera Garza decide no sólo re-leer a Juan Rulfo, ese mito azteca que sólo escribió dos delgado libros, sino ingresar a ellos y a su vida. No es una biografía de Rulfo sino la crónica de una obsesión, una bitácora de viaje, el registro de años de lecturas atentas. “Hay escritores que se sientan y hay escritores que se caminan; Rulfo era de los segundos. Todos leen, de preferencia vorazmente, pero no todos leen el mundo con el cuerpo”, escribe y, tal como el objeto de su devoción, sale a caminar por el México profundo.
Lo que provoca a Rivera Garza a lanzarse con tanto cariño y ganas a escribir es una famosa respuesta que Juan Rulfo le dio a un programa de la televisión española al intentar justificar su prosa, su mundo y su escuálida producción: “Es que yo trabajo”. Lo que ella decide es investigar esos trabajos. “Entre vivir la vida y contar la vida hay que ganarse la vida”. Porque un autor debe ganarse la vida para poder luego escribir libros que no siempre (casi nunca) generan dinero. ¿En qué se ganó la vida Rulfo si no se dedicó a cobrar becas del Estado mexicano ni se encerró detrás de las paredes de la academia? “¿Es posible concebir la producción de una obra y la producción de una vida sin que una esté supeditada a la otra?”, se pregunta la autora. Todo el libro es eso: duda, curiosidad, interrogantes. Y uno queda con serias ganas de leer a Rulfo, claro. Urgentemente. Entre otras cosas porque lo humaniza, lo aleja de su sitial de Dios, lo transforma en un tipo que camina, con piel. En México, al parecer, esto es muy mal visto. En un país donde a todos tratan de doctor y licenciado y maestro, donde el mande es el tic popular que deja claro que unos mandan y otros obedecen, el humanizar a un autor público y popular y de todos es algo que no se hace. Rulfo es un mito y mejor dejarlo así. Rulfo es un trofeo, una estatua que debe ser cuidada con celo. Molestó que escribiera, creo, frases como esta: “En lugar de convertirse en el literato oficial del régimen, continuó con un empleo que le permitía, entre otras cosas, mantener a su familia... En lugar de buscar posiciones en la burocracia cultural, ejerció su gusto por la conversación y el discurrir literario en un Centro Mexicano de Escritores financiado indirectamente por la CIA y el mundo semiprivado del café y el bar”.
El libro —publicado por Literatura Random House— fue recibido con esas polémicas y arrebatos que, desde afuera, parecen ideales para hacer ruido, pero al final son desgastantes y molestos, sobre todo para el autor. Su potente libro provocó la irritación y enojo de la Fundación Juan Rulfo, cuyo presidente torpemente calificó el libro de “difamatorio”. Porque insinuar algo que se aleje de una supuesta historia oficial es difamar. ¿No es hacerlo aun más complejo? Rivera Garza respondió con una brillante carta: “En Había mucha neblina o humo o no sé qué ofrecí —tal vez debería decir: me atreví a ofrecer— a mi Rulfo mío de mí: uno entre los muchos otros que ya existen y entre los otros tantos que seguirán existiendo si continuamos con su lectura. Mi Rulfo mío de mí que no intenta ni sustituir al tuyo ni eliminarlo, sino más bien multiplicarlo, expandirlo”.
¿Al final, de quién es una obra privada que intentó y logró ser de todos? Rulfo quiso captar Mexico y lo hizo; ¿no es por lo tanto de todos los mexicanos? ¿No es público? Sobre todo si ya lleva tanto tiempo muerto. En el libro se adelanta quizás la torpe y predecible reacción histérica: “Mi relación con Juan Rulfo es una de las más sagradas que existen sobre la tierra: soy una lectora suya”, sentencia. Al hacerlo suyo lo hace de todos, no de los viudos, viudas o de esas fundaciones que no entienden que la mejor manera de apoyar a un autor es que escriban de él.

--CRG

Thursday, June 01, 2017

DESAPROPIACIÓN PARA PRINCIPIANTES

Un ensayo para Overcast, mi columna en Literal Magazine.

He hablado ya en bastantes foros sobre el concepto de desapropiación, en discusión primero en el libro Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (México: Tusquets, 2011). Entre una y otra conversación, a lo largo de los diálogos que han resultado de preguntas incisivas, llamadas de atención y sugerencias varias, he ido fraguando una versión más concisa, tal vez un poco más clara, aunque siempre inacabada, del mismo. Ya desde el diccionario, la definición básica del término (desapropiarse: Dicho de una persona: Desposeerse del domino de lo propio) llama a la acción. Se trataba y se trata de renunciar críticamente a lo que la Literatura (con L mayúscula) hace y ha hecho: apropiarse de las experiencias y voces de otros en beneficio de ella misma y sus propias jerarquías de influencia. Se trataba y se trata de poner en claro los mecanismos que permiten una transferencia desigual del trabajo con el lenguaje de la experiencia colectiva hacia la apropiación individual del autor. Todo con el fin de regresar al origen plural de toda escritura y construir, así, horizontes de futuro donde las escrituras se encuentren con la asamblea y puedan participar y contribuir al bien común. 
En un inicio, pues, el término intentaba describir el tipo de trabajo escritural que, en una época signada por la violencia espectacular de la así llamada guerra contra el narco, se abría para incluir, de manera evidente y creativa, las voces de otros, cuidándose de esquivar los riesgos obvios: subsumirlas a la esfera del autor mismo o reificarlas en intercambios desiguales signados por la ganancia o el prestigio. Crítica y festiva, siempre con otros, la desapropiación hace—desde la escritura—un llamado de alerta para lo que está en juego: la construcción de horizontes comunitario-populares que aseguren la reapropiación colectiva de la riqueza material disponible, como argumentaba Raquel Gutiérrez.
Pero todo este entramado de ideas precisa de un desglose. Un ir en calma. De ahí esta versión. La llamo “para principiantes” con el fin de reproducir en un eco jocoso los títulos de esos muchos y variopintos manuales que nos prometen, a menudo verazmente, que todos podemos utilizar sus instrucciones y saberes para bien. También los llamo “para principiantes” porque, en sentido estricto, eso somos todos cuando, con algo de suerte, aprendemos los unos de los otros. 
La escritura es un trabajo
La escritura no es resultado de una inspiración tan inexplicable como individual sino una forma de trabajo material de cuerpos concretos en contacto—tenso, volátil, irresuelto—con otros cuerpos en tiempos y lugares específicos. Las escrituras, en otras palabras, son cuerpos en contextos. En su contacto con ese bien común que es el lenguaje, el trabajo de la escritura participa de distintos procesos de producción y reproducción de riqueza social. La que escribe, en este sentido, no representa la realidad, sino que la presenta, es decir, la produce, en relación a tradiciones literarias, o no, para su futura reproducción en forma de lectura. 
La literatura es apropiación de lo que no es literatura
Así como Jacques Ranciére argumentaba que todo arte es, bien estudiado, una forma de apropiación de lo que no es arte, es posible decir que toda literatura es una forma de apropiación de lo que no es literatura. En efecto, en Aisthesis. Scenes from the Aesthetic Regime of Art, una traducción de Zakir Paul publicada por la editorial Verso, Rancière analiza detalladamente 14 escenas en las que se demuestra cómo el contacto y la incorporación de experiencias no artísticas marca el inicio de lo que denominamos arte, o el régimen estético del arte, hoy en día. Porque cree que el surgimiento de las artes en occidente ocurre precisamente cuando las jerarquías establecidas entre las artes mecánicas (artesanales) y las bellas artes (el pasatiempo de hombres libres) empiezan a vacilar, Rancière busca ese momento, o el eco de ese momento, en cada escena analizada. No es ésta la visión del que persigue lo marginal o raro por su valor exótico, sino de quien busca colocarlo en su justo sitio: ahí donde se decidieron poco a poco y en contextos de gran tensión social y cultural qué es arte o a qué tipo de prácticas y saberes le llamaríamos así con el paso del tiempo. “Las figuras vulgares de pinturas menores, la exaltación de las actividades más prosaicas en el verso liberado de la métrica, los números del music-hall, los edificios industriales y los ritmos de las máquinas, el humo de los trenes y los barcos reproducidos mecánicamente, los extravagantes inventarios de los objetos de las vidas de los pobres”, todo ello atrae nuestra atención no como raros ejemplos de lo que se quedó en el pasado, sino como ejemplos de esos instantes en que se reta y se transforma a la experiencia de lo sensible, así como los modos en que percibimos y nos vemos afectados por lo que percibimos. Es una historia alternativa, si no es que opuesta, a los recuentos que presentan a la creciente autonomía del arte como un desarrollo natural y, por lo tanto, ineludible. Una historia similar empieza a ser contada desde las perspectivas de las literaturas post-autónomas, entre ellas la de Josefina Ludmer, que ya han escapado del encanto que dicta la producción espontánea, incorpórea, y meramente individual de la literatura. 
Los materiales ajenos
Incluso si al escribir hablamos de nosotros mismos, estamos ya, en el acto de escribir, hablando de otros. No hay recuento de yo alguno que no sea, al mismo tiempo y de manera necesaria, un recuento del tú, nos recordaba Judith Butler en Giving an Account of One Self.No solo es cierto que el lenguaje con el que escribimos es uno con historia y con conflicto—un lenguaje al que llegamos y que nos llega cargado de experiencia y de tiempo—sino que las historias ahí relatadas, o mejor: encarnadas, son de otros: desde los famosos relatos de las abuelas, las historias oídas al pasar,  hasta los recuentos de otros libros. La figura solitaria del autor, con sus prácticas de devorador y su estatuto de consumidor genial, ha encubierto la serie de complejas relaciones de intercambio y de compartencia a partir de las cuales se generan las distintas formas de escrituras que, luego, firma como propias. El autor que apropia es, así, un encubridor en el sentido literal, y no necesariamente moral, del término. Desentrañar las materialidades inmersas en esas firmas autoriales es tarea de la desapropiación.   
Escrituras geológicas 
La desapropiación vuelve visible, mejor: tangible, la apropiación autorial y, al hacerlo, hace perceptible el trabajo de los practicantes de una lengua cuando otros, algunos entre ellos, la vuelven escritura. La desapropiación, así, desentraña la pluralidad que antecede a lo individual en el proceso creativo. Al hacerlo, la desapropiación expone el trabajo comunitario de los practicantes de una lengua como base ineludible del trabajo creativo. Deja ver, pues, las formas de autoproducción y las tramas en común de los sujetos colectivos de enunciación. Más que denunciar la apropiación desde un discurso adyacente (fincado, a menudo, en una misma lógica apropiativa), la desapropiación la anuncia, es decir, la pone de manifiesto de maneras estéticamente relevantes. Lejos de ser una policía a la caza de apropiaciones varias, la estética desapropiativa produce estrategias de escritura que abrazan y den la bienvenida a las escrituras de otros dentro de sí de maneras abiertas, lúdicas, contestatarias. Al generar, así, capas sobre capas de relación con lenguajes mediados por los cuerpos y experiencias de otro, las escrituras desapropiativas son escrituras geológicas. Por eso, su forma de “aparecer” suele conseguirse a través de diversas estrategias de re-escritura, dentro de las cuales se pueden contar a las así llamadas excavación, reciclaje, yuxtaposición. Si bien los protocolos académicos se sirven de las comillas y del aparato bibliográfico para dar cuenta de las relaciones de apropiación de sus discursos a través de la cita textual, las estéticas desapropiativas echan mano de recursos más amplios, más diversos, ligados, o no, a tradiciones literarias específicas y, ligados también, con más frecuencia, a la tecnología digital. 
La deuda impagable
La deuda constituye la base del capitalismo post-financiero en el que vivimos. La deuda que, según Nietszche, nos volvió sociales, nos acecha como un perro hambriento a la vuelta de toda esquina. Nacemos con una deuda y, a lo largo de la vida, no hacemos sino acrecentar esa deuda. Si algo enseña la universidad con sus altos costos, sobre todo en Estados Unidos, es que la deuda no deja de crecer nunca. Al exigir un pago, la deuda nos ata, determinando cada decisión de la vida adulta. Desde la ropa hasta la casa, pasando por el auto, los objetos que nos vuelven sujetos en deuda, nos encarcelan. Por eso, en lugar de cubrir la deuda, Fred Moten y Stefano Harney proponen lo contrario en The Undercommons proponen acrecentar la deuda, volverla tan enorme que se vuelva impagable. Cuando la desapropiación se propone sacar a la luz los lazos de deuda que atan a la escritura con los practicantes de una lengua, lo que hace en realidad es impagarla. El escritor no tiene una responsabilidad con los otros; tiene una deuda con los otros. La deuda no es moral, sino material (la escritura es trabajo). Más que la prueba de esa deuda, la escritura en su forma desapropiativa es la deuda misma, la deuda en sí. Entre más grande, larga, inaudita la escritura, más grande, larga, inaudita la deuda. Cuando escribimos desapropiativamente decimos no (en)cubriremos la deuda, la descubriremos. 
Ver artículo completo aquí. 

--crg

Tuesday, May 30, 2017

LA LENTA CANCELACIÓN DEL FUTURO

Pedro Hernández Martínez escribió sobre "Había mucha neblina o humo o no sé qué" en la revista Arquine.


Como EUA, México anduvo en la misma dirección y sufrió, desde directrices políticas marcadas por el propio Estado, todo un plan de remodelación: carreteras, viviendas e infraestructuras que habrían de introducir al país en la consabida modernidad. Como apunta Cristina Rivera Garza en su reciente libro Había mucha neblina o humo o no se qué, no se pueden entender el llamado milagro mexicano o la llegada del turismo al país sin construcciones como la Carretera Panamericana. Concebida como un eje que vertebra el país de norte a sur y que conecta México con todo el resto del continente, su desarrollo está ligado de forma directa a esa tan deseada transformación económica que permitiera a país abandonar el místico y empobrecido mundo rural. Toda esa transformación es analizada por Rivera Garza desde la figura de Juan Rulfo — que aparece más como excusa para trazar las propias ideas de la autora que como tema en sí — y, en particular, a partir de los textos del propio escritor mexicano. Rulfo vivió en su propio cuerpo ese cambio territorio, pues llegó a trabajar en la fábrica de llantas de Goodrich-Euzkadi, en la elaboración de guías turísticas, en la Comisión del Papaloapan y en el Instituto Indigenista; todos trabajos que, de una u otra manera, serán esenciales para entender los cambios sufridos por el país en aquel momento. Para ello, Rivera Garza compara la figura de Rulfo es con el Angelus Novus de Walter Benjamin, el Ángel de la Historia cuyo “rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.”
La preocupación de Rulfo en su obra será entonces, y de acuerdo a Rivera Garza, la de dar cuenta de ese mundo rural e indígena que desaparece bajo la avasalladora acción del progreso. Sus textos, por ello, no intentarán dar cuenta de la Historia (así, con mayúscula) de México, como sí hacía la literatura hasta entonces, sino que se va a centrar en contar la precaria vida de aquellos que han quedado excluidos de la misma. Esa es la razón de que en la obra del mexicano habiten seres fantasmales que se mueven en mundos completamente muertos. A ellos, nos parece decir, sólo les pertenece eso: los escombros del proceso, la nada.
Más allá de cualquier polémica que haya suscitado la publicación del libro, es cierto que la lectura de Rivera Garza permite establecer paralelismos con la propia contemporaneidad, que, para la escritora mexicana, pasa por establecer un acercamiento a la cultura indígena — por otra parte, uno de los temas que más le interesó a Juan Rulfo en textos y fotografías — así como a la explotación laboral y a la mala gestión de los recursos de la tierra existentes hoy en día. Con esa misma lectura, Irmgard Emmelhainz se aventura en un muy buen texto aparecido en e-flux hace poco — Fog or Smoke? Colonial Blindness and the Closure of Representation — con una lectura postcolonial y referida al cambio climático que haría aún vigente, y más allá de lo literario, una lectura de Juan Rulfo en su conjunto. En cualquier caso, la preocupación que puede abrir para nosotros, arquitectos, no es tan distante. Dado que el doble vinculo que proponen estas lecturas de la modernidad — de progreso y amenaza al mismo tiempo — aún puede establecerse como vigente y dado que las políticas e ideologías que se están construyendo hoy tienen repercusiones arquitectónicas y espaciales muy concretas en las que participa de forma directa el diseño, podemos pararnos a reflexionar sobre cómo las actuales políticas medioambientales, económicas y sociales dan forma a nuestro territorio, y establecer entonces si son justas o no, a fin de apuntar dónde se encuentran hoy los excluidos de la Historia.
El artículo completo aquí. 
--crg


Thursday, May 25, 2017

RULFO EMANCIPADO

Christian Mendoza escribió "Rulfo emancipado" sobre Había mucha neblina o humo o no sé qué en Solitas.com:


Publicado a finales de 2016, Había mucha neblina o humo o no sé qué propone leer a Rulfo a partir de dos frentes: el ensayo crítico y la intervención escritural. El primero es un análisis de Rivera Garza en torno a la construcción de la modernidad mexicana en proyectos como la Comisión del Papaloapan o la construcción de carreteras en México bajo el alemanismo y, a mayor escala, bajo un incipiente priisimo cuyo imaginario y motor fue el progreso. Rulfo fue un discreto partícipe de ambas misiones, pero la autora especula, sin enunciar un juicio moral, que el responsable de Pedro Páramo pudo leer las contradicciones de la modernidad mexicana: por un lado, la promesa de mayores recursos naturales y de transporte para los mexicanos; por otro, el desplazamiento de las comunidades indígenas que habitaban los espacios donde después fueron trazadas las carreteras. Esa especulación está dada por una interpretación bastante cuidadosa  de cuentos como “Nos han dado la tierra”.

Rivera Garza no es la única en decir que la modernización tiene siempre un anverso violentador, y que aquello repercutió en las prácticas literarias no sólo de Rulfo, también de otros autores como Nellie Campobello, autora de Cartucho, una de las narraciones formalmente más arriesgadas sobre la Revolución. Otros críticos literarios, como Marshall Berman o Ricardo Roque-Baldovinos, han diseccionado las consecuencias del progreso en la literatura (como la fragmentación del sujeto y de su discurso, también la suspensión de la anécdota como hilo conductor del argumento narrativo). Lo único que sucede es que Rivera Garza traduce las mismas estrategias de análisis al entorno mexicano para señalar los matices políticos bajo los que operó la escritura de Rulfo. Esquivar las obviedades de un texto literario, mirar los contextos históricos como generadores de estéticas, es mucho más productivo. 
Además de la crítica, Rivera Garza propone algo inusitado en lo que respecta al análisis de un clásico. Había mucha neblina o humo o no sé qué también traza una teoría de la lectura que trabaja bajo la máxima “la lectura es producción y no consumo”. Leer, para Rivera Garza, es un acto creativo que puede traducirse a la escritura. Para el lector emancipado que se propone en Había mucha neblina o humo o no sé qué, la escritura es un artefacto móvil que puede ser manipulado a través de diversas fracturas y reconstrucciones. Además de la lectura crítica, para Rivera Garza cuentan los signos con los que se compone la literatura. De cierta manera, se actualiza a Rulfo leyéndolo bajo los embates de la modernidad, pero también reescribiéndolo. Rivera Garza transforma los formatos textuales de El llano en llamas Pedro Páramo y los convierte en fragmentos poéticos. Incide, también, entre los renglones de algunos cuentos ya sea interviniéndolos, o “engordándolos”, a la manera de Pablo Katchadjian, con sus propios ejercicios ficcionales. A partir de oraciones puntuales de Rulfo, Rivera Garza construye otros cuentos, crónicas, poesía. En suma, lenguaje. 
Había mucha neblina o humo o no sé qué no es un libro académico. Tampoco se suma a los títulos conmemorativos que irán apareciendo a lo largo de este año. Rivera Garza confiesa que su libro no surge de ninguna agenda legitimadora: no fue alumna de Rulfo, no tomó café con él, mucho menos trabajó a su lado. Rivera Garza sólo es una lectora de su obra. 
Había mucha neblina o humo o no sé qué plantea a la lectura como una práctica que funciona al margen de lo unilateral, y que, en su caso, aportó nuevas perspectivas alrededor de dos textos fundacionales de la literatura del siglo XX mexicano. Sin duda es un libro polémico, pero habría que cuestionarse si la incomodidad que provoca es por la libertad con la que Rivera Garza vuelve a Rulfo: no como una reliquia sagrada de sus herederos y del Estado, sino como un autor que puede criticarse y transitarse.

Artículo completo aquí.


CASA DEL POETA

2017, XXV aniversario de la Casa del Poeta "Ramón López Velarde"
La Casa del Poeta "Ramón López Velarde" festeja este año su vigésimo quinto aniversario. Para conmemorarlo, se celebrará el Encuentro Internacional de Poesía "Ramón López Velarde", en el que participarán 18 poetas de diversas nacionalidades: 


María Auxiliadora Álvarez (Venezuela)
Juan Carlos Bautista 
Coral Bracho
Elsa Cross
Antonio Deltoro
Jorge Esquinca
Luis Felipe Fabre
Jorge Fernández Granados
Julián Herbert

Elvira Hernández 
(Chile)
Claudia Hernández de Valle-Arizpe
David Huerta
Eduardo Hurtado
Eduardo Milán 
(Uruguay-México)
María Negroni (Argentina)
León Plascencia Ñol
María Rivera
Cristina Rivera Garza



Jueves 25 de mayo
a las 19:00 horas
en el Salón de Usos Múltiples
de la Casa del Poeta.



La Casa del Poeta 
agradece a la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal 
el apoyo proporcionado para la realización de este ciclo.



Álvaro Obregón 73, Colonia Roma
(entre Córdoba y Mérida)
55-33-54-56 y 52-07-93-36
www.casadelpoeta.iap.org.mx
www.casapoetalopezvelarde.blogspot.com
Twitter: @casadelpoetarlv